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El seguro en la Grecia clásica

Las primeras poblaciones griegas que florecieron cultural y comercialmente fueron la cretense o minoica, la micénica, y la rodia. Esta última, en la isla de Rodas, se convirtió en una potencia naval, y su Derecho Marítimo se extendió y llegó a dominar el comercio mediterráneo. Entre las grandes leyes romanas de procedencia rodia cabe citar la Lex Rhodia de Jactu, normativa referente a la echazón. Y en Las Basiliscas, recopilación de leyes de Rodas, se admitía la contribución para la avería común y el seguro mutuo de los propietarios del buque y los dueños del cargamento, quienes en ocasiones viajaban a bordo.

En la Grecia clásica encontramos asociaciones como las llamadas Eranoi(cuota, cotización), Thiasoi (sociedades de enterramiento), Hetairías (unión, amistad), o Sunedrías (reunión, asamblea), dedicadas fundamentalmente a la asistencia mutua entre los socios mediante un fondo común creado con aportaciones periódicas de los mismos. Así podían socorrer a los asociados que sufriesen alguna adversidad, quienes tendrían la obligación de volver a realizar contribuciones cuando mejorasen de fortuna. Algunas atendían incluso los gastos funerarios, y otras servían para que los dueños de esclavos, con el mismo sistema, se protegieran contra la fuga de los mismos.

El contrato de préstamo a la gruesa alcanzó un alto grado de refinamiento y quedó bien establecido en las “Oraciones” del gran jurista, orador y filósofo Demóstenes. Como evolución del préstamo con garantía, este préstamo a la gruesa aventura del mar, llamado por los romanos pecunia trajectitia, consistía en el adelanto de una suma de dinero para aparejar y equipar un navío, armar su tripulación o cargar mercaderías, con el objetivo de emprender una travesía comercial a un puerto determinado. Si por actos de piratería o riesgos del mar se perdía la mercancía, fracasando la empresa, quedaba cancelada la deuda. Si el viaje se cumplía con éxito, el acreedor recibía la devolución del préstamo más un elevado interés pactado inicialmente. Tal interés representaba no sólo el valor nominal del dinero a término, sino además el praetium periculi, la prima de riesgo o, más propiamente, la sobretasa consecuente al riesgo que asumía el prestamista, es decir, la compensación al peligro soportado. Era una especie de operación aseguradora a la inversa, pero contenía todos sus elementos. Los contratos eran muy estrictos en su elaboración, y en ellos figuraba una prima de riesgo superior al tipo de interés en sí. Estas sobretasas oscilaban entre el 10 y el 25 por 100, según los distintos itinerarios, y dependían de factores tales como la época del año, la clase de navío, el tipo de cargamento, la experiencia del capitán, la ruta seguida, etc., lo que es similar a la forma en que se fijan las primas del Seguro Marítimo contemporáneo.

En relación con el concepto de echazón y con el préstamo a la gruesa, fue desarrollada en la Antigua Grecia la noción de avería gruesa, aquella pérdida compartida por todos los intereses comunes de la empresa marítima, en vez de ser soportada de un modo particular. Así, cuando el capitán del barco mercante se viera obligado a arrojar parte del cargamento por la borda, con la finalidad de evitar el naufragio, no estaría ante el dilema de elegir qué parte de la carga en concreto habría de lanzar. Esta técnica nació de la experiencia y se convirtió en una de las más depuradas y fundamentales doctrinas legales que se aplican en el Seguro. Si la pérdida se considera inevitable para la seguridad y éxito de la empresa, el capitán debe decidir con apremio la acción a seguir, y cada parte interesada soportará el daño proporcionalmente a su valor en riesgo.

El primer mercado de Seguros surgió en la Atenas de aquel tiempo. Había un sistema de noticias, puesto que los banqueros y los mercaderes disponían de embarcaciones rápidas que llevaban informes confidenciales a dicha polis y de este modo los navíos mercantes podían ser conducidos a puertos seguros y a mercados atractivos. Los préstamos a la gruesa se contrataban allí.

A modo de mutualidad se organizaban también allí desde muy temprano asociaciones cooperativas con objeto de asumir en común las pérdidas de mercancía ocasionadas en los transportes por tierra, de manera similar a los transportes marítimos estudiados. Esta naturaleza tiene la Koinonía (colectivo, participación en común), trasplantada a Grecia desde Babilonia por los fenicios, y conocida asimismo del pueblo indio.

La herencia de los fenicios, los rodios, y de todas aquellas naciones de carácter marítimo que influyeron en las civilizaciones occidentales, se conformó en Grecia en un único conjunto de prácticas y costumbres cuando su comercio alcanzó el máximo esplendor. Esta tradición griega fue transmitida a su vez a los romanos.

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