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El amanecer del seguro, primeras civilizaciones

La esencia del Seguro se remonta a los orígenes de la organización social de los seres humanos. Incluso en arcaicas sociedades tribales encontramos sistemas de protección y ayuda mutua. Mediante las alianzas de clanes se organiza el intercambio entre varias existencias económicas para atender necesidades comunes. De esta manera trascienden al grupo las características propias de la relación familiar: gestión económica común, evitación en común de los peligros y previsión común para los asuntos que afectan a todos.

En el Neolítico, que se inicia unos 7.000 años a.C., el ser humano se transforma de nómada a sedentario gracias a la creación y el desarrollo de la agricultura y la ganadería. Los primeros asentamientos humanos estaban formados por pequeños grupos de personas con estructuras de organización social, económica y política muy sencillas, funcionando como aldeas aisladas que mantenían escasas relaciones con el mundo exterior. Pero entre finales del sexto milenio y mediados del quinto milenio a.C., en la Baja Mesopotamia se llevaron a cabo una serie de innovaciones en el control del agua, cuyo resultado fue la puesta en cultivo de tierras muy fértiles mediante un cúmulo de técnica y trabajo, lo que permitió la existencia de sobrantes de alimentos o excedentes. En consecuencia, pudo nacer una sociedad urbana, ya que no era preciso que todos cultivaran la tierra para que todos pudieran comer. Estas primeras ciudades fueron núcleos mucho más poblados cuyos habitantes comenzaron a especializarse en el trabajo (cada hombre realizaba un tipo de actividad), y debido a ello las relaciones económicas, sociales y políticas entre los distintos grupos humanos se hicieron más intensas y complejas. En la urbe existe una especialización profesional, de forma que ya nadie es autosuficiente como lo era una familia en un pequeño núcleo de campesinos, que producía todo lo indispensable para sobrevivir. A su vez, la especialización proporciona nuevos bienes y servicios de índole muy diversa que, junto a los excedentes alimentarios, posibilitan el establecimiento de relaciones comerciales con otras ciudades. Y, obviamente, el comercio fue el gran elemento dinamizador de la economía y la sociedad de aquellas primeras ciudades que surgieron y se desarrollaron durante el cuarto y tercer milenios a.C.

Fueron concretamente los Sumerios los creadores de la primera civilización urbana de la historia, además de poseer la lengua escrita más antigua que se conoce, lo que marca el paso de la Prehistoria a la Historia. Los elementos de civilización originados en las ciudades sumerias fueron adoptados por otros muchos pueblos de Oriente Medio y utilizados para constituir unos modelos de estructura social que duraron hasta finales de la Edad Antigua. Los Sumerios innovaron en muchas áreas del conocimiento humano, y probablemente fueron ellos quienes crearon las primeras formas embrionarias del Seguro.

Lo que sí sabemos con certeza es que en Babilonia, cultura que absorbió a la civilización sumeria, existieron modelos primitivos de varios tipos de seguro, pues nos han llegado referencias explícitas en el Código de Hammurabi, el texto legal más antiguo que conserva la humanidad, grabado en un monolito de diorita casi 2.000 años a.C. Este código da testimonio de la existencia de una especie de comunidades creadas para prevenirse mutuamente contra las necesidades y peligros comunes, en la época del rey babilonio que da nombre a la piedra tallada. Los viajeros que tomaban parte en una caravana, así como los dueños de las mercancías, se comprometían, ante los frecuentes asaltos de que eran objeto por bandas de ladrones, a saldar en común el daño provocado a cualquiera de ellos durante el trayecto. Al amparo de estos rudimentarios seguros contra robo y expoliación, se constituyeron auténticas mutualidades. Tanto en el susodicho código como en el Talmud, se vislumbran asociaciones cuyo fin era dar, mediante la contribución de todos sus miembros, un barco nuevo en sustitución del destruido por la tempestad y un animal de carga nuevo a cambio del perdido a causa de bandidos o depredadores. Ya fuese por actos de terceros o por los elementos de la naturaleza, las probabilidades de pérdida eran muy elevadas y los comerciantes babilonios que concedían créditos para garantías tan vulnerables como las mercaderías en tránsito, imponían primas de riesgo sobre los intereses, ya de por sí muy altos (tipos superiores al cien cien eran usuales). Si el siniestro ocurría, el propietario de los productos o el encargado de su tráfico comercial (además de sus respectivas familias), podían ser vendidos como esclavos, a menos que dispusieran de un contrato de fuerza mayor, que les dejara exentos de toda responsabilidad. Estas incertidumbres suponían un importante obstáculo para la expansión comercial, problema que solucionó el Código de Hammurabi formalizando los conceptos de “préstamo con garantía”, del buque o de la carga, y de “responsabilidad cívica”.

La doctrina de la responsabilidad cívica estipulaba que una ciudad o pueblo estaba obligado al pago de una indemnización a las víctimas de los actos de violencia o disturbios que debieran haber estado bajo el control de la autoridad local.

Los préstamos con garantía del buque o la carga, eran contratos marítimos en los que detectamos tres elementos básicos: un préstamo sobre el navío, el cargamento o el flete; un tipo de interés sobre el préstamo; y una prima de riesgo por la posibilidad de pérdida y consecuente cancelación de la deuda. Esta técnica de acuerdos se extendió por todas las antiguas civilizaciones y fue el antecedente que allanó el camino para el Seguro.

Todas estas innovaciones mejoraron las condiciones comerciales de aquel período histórico y jugaron un significativo papel en la evolución del Seguro.

Es lógico y casi inevitable que fuese en la zona de Mesopotamia, cuna de sumerios y babilonios, encrucijada del mundo comercial primitivo con accesos a Europa, África y Asia, donde el Seguro diera sus primeros balbuceos.

Hay otras culturas de la Antigüedad en las que también encontramos precedentes remotos del Seguro. Ciertas leyendas relatan que los mercaderes chinos que habían de navegar por ríos peligrosos tomaban la precaución de distribuir sus mercancías entre varios juncos, en vez de transportarlas en uno solo de ellos. En cada junco había mercancías de diferentes personas, de tal modo que si uno de los juncos naufragaba, cada comerciante estaba expuesto a perder solamente una pequeña parte de su embarque. La ley del promedio se utilizaba con el fin de salvaguardar la mayor parte de las mercancías de todos y cada uno de los comerciantes implicados.

La versión árabe de esta leyenda habla de las caravanas que atravesaban el desierto exponiéndose a ser presa de bandidos y asaltantes. Distribuyendo las mercancías entre diversas caravanas, y en diferentes camellos de cada una de las mismas, un comerciante sabía que de producirse un asalto, sólo se vería afectada una pequeña parte de sus bienes transportados.

Otra versión, probablemente fenicia, cuenta que aquellos comerciantes que practicaban la navegación de cabotaje en Asia Menor, reducían las pérdidas de mercancía provocadas por la piratería o las tormentas de la misma manera, mediante el reparto de la carga.

Gracias al descubrimiento de un viejo papiro, sabemos que hace 4.500 años los tallista de piedra del antiguo Egipto, algunos de los cuales trabajaban en las pirámides, poseía unas cajas de inhumación para caso de muerte, que garantizaban a sus familias una subvención. Eran legados cooperativamente organizados mediante contribuciones a derrama, y de carácter religioso.

En el antiguo Derecho indio se estipulaba que los miembros de una familia debían sostener en común al que quedase incapacitado para el trabajo. Por otra parte, el deudor que se internase en una selva o despoblado, debía abonar un 10% de intereses mensuales, y un 20% si emprendía una travesía por mar, cuando la tasa normal de interés no solía exceder del 5% mensual.

Uno de los textos más antiguos en que palpita el espíritu de previsión es la Biblia, que cuenta como Josué hizo almacenar una gran cantidad del grano recogido en años de abundancia, al prever la escasez de tiempos posteriores. Ya hemos mencionado las indemnizaciones por los animales perdidos, que se hacían en especie, nunca en dinero, y que jamás habían de constituir motivo de lucro para el afectado. Entre los hebreos se hallaban muy generalizadas las asociaciones de fieles para dotación de novias, a las que tenían que contribuir obligatoriamente todos los miembros de la comunidad, como si de instituciones creadas para fomentar la imprescindible procreación de la especie se tratase. Además, el Antiguo Testamento está salpicado de observaciones respecto a la práctica del afianzamiento, una de las primeras formas que tomó el concepto asegurador de transferencia del riesgo.

Desconocemos datos refentes al seguro en muchas naciones comerciantes de la Antigüedad, como arameos, cananeos, asirios, lidios, persas, fenicios o cartagineses, pero Plinio el Joven señaló la existencia de mutuas en Asia.

Merecen especial atención los casos de Grecia y Roma.

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