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La evolución de los principales ramos de seguros

Como ya hemos visto, el negocio del Seguro Marítimo es la modalidad más antigua de toda la actividad de seguros y ha seguido una línea relativamente continua desde sus inicios. A partir del siglo XVII son Holanda, Francia e Inglaterra las naciones que dominan el comercio por mar, y consecuentemente pasan a liderar también el sector asegurador. Es de destacar en este sentido la aparición en el año 1.688 del Lloyd’s, surgida como organización dominante de aseguradores individuales. Tuvo su origen en el café londinense del mismo nombre, en el que se reunían comerciantes, marinos y profesionales del seguro con objeto de intercambiar ideas sobre la forma de administrar sus negocios, y concertar contratos de seguros de cualquier clase. Pronto se convirtió en el centro mundial del Seguro, el mercado más importante del sector. El sistema de tarificación nació allí, y se adoptaron modelos de contrato ejemplares. Los aseguradores del Lloyd’s estaban más familiarizados que cualquier otros con la situación económica y las circunstancias de los negocios. Gracias a su relativa libertad con respecto al intervencionismo gubernamental, los aseguradores fueron capaces de adaptar sus técnicas y sus coberturas a las necesidades de los tiempos.

En cuanto al Seguro de Incendios, ya en el año 1.501 existían en la ciudad alemana de Hamburgo, Cajas especiales de propietarios reunidos para darse mutuo auxilio en caso necesario. En 1.677 se funda en dicha urbe la primera Caja general pública de incendios. Mas fue a raíz del gran incendio de Londres de 1.666 cuando irrumpe un seguro moderno de incendios y se fundan las entidades especializadas en el ramo. Así, la primera fue creada en 1.667 por Nicholas Barbon, convirtiéndose en propietario único de la primera compañía especializada en Seguros de Incendios para edificios de viviendas y oficinas. El contrato de Seguro que redactó es muy parecido a los actuales. Previno muy prudentemente que el asegurador tendría derecho a reponer o reparar las pérdidas con materiales de análoga clase y calidad. Eso le dio la oportunidad a su propia empresa de reconstruir los edificios siniestrados en lugar de tener que pagar en metálico las correspondientes indemnizaciones. En seguida se fundaron más compañías al estilo y el Seguro de Incendios se expandió por los países desarrollados, ganando importancia según crecía la industrialización. Si bien el granjero de los viejos tiempos podía contar con una cooperación vecinal para reconstruir una casa dañada, la complejidad e impersonalidad de las ciudades hicieron imperativo el Seguro de Incendios.

Respecto al Seguro de Vida, y al margen de los precedentes de la Edad Antigua, existen ya en el siglo XIV contratos sobre la vida de esclavos y sobre la vida de mujeres encinta, fuesen o no esclavas, pero hemos de tener en cuenta que por aquel entonces tanto los unos como las otras eran posesiones pertenecientes a algún señor. También existían en varios países una suerte de seguros creados para garantizar el pago del rescate exigido para la liberación de los cautivos por los árabes y los turcos. Sin embargo el auténtico origen del Seguro de Vida, aún no científico, se encuentra en los contratos de Rentas Vitalicias, y posteriormente en las apuestas que se hacían sobre la vida de las personas. Efectivamente, se dice que los españoles, en los siglos XV, XVI y XVII, eran grandes jugadores que cruzaban apuestas sobre todo tipo de futuros acontecimientos, y su fiebre se contagió al resto del continente europeo. Así se explica la aparición de los Gageures sur la Vie, contratos que suponían reales apuestas sobre la vida de alguna persona en concreto, generalmente alguien muy protegido o expuesto a un gran peligro. Estos contratos eran una regresión en cuanto al Seguro se refiere, y no tardaron en ser dictadas disposiciones prohibitivas que lograron hacerlos caer en desuso, como una Ordenanza de Felipe II en 1.570, los Estatutos de Génova de 1.588, el Guidon de mer francés y el Gambling Act inglés. Todas estas leyes consideraron dichas operaciones como de perjudicial ejemplo y perniciosas para el bien público, proscribiéndolas y separándolas del legítimo seguro sobre la vida. Si los Gageures sur la Vie dificultaron la difusión de la idea del verdadero Seguro de Vida, base tanto del ahorro como de la previsión, parece evidente que algunas de las ganancias que facilitaban, sirvieron a los primeros aseguradores para establecer las condiciones generales de las primitivas pólizas. Aquellos desacreditados contratos llevaban en embrión lo que habría de ser, dos siglos después, base de tantas combinaciones sobre la vida humana.

En el año 1.574 le fue encomendada a Richard Chandler la función, por sí mismo o por medio de delegados suyos, de registrar y autorizar toda clase de pólizas se seguros, con el objetivo de evitar el posible fraude a los acreedores ante el seguro múltiple de una misma cosa. El depositario de este privilegio estableció en Londres una Cámara de Seguros, y allí fue firmada la primera póliza de vida conocida, en Junio de 1.583, sobre la persona de W. Gibbson. Generalmente se trataba de contratos temporal-anuales, cuyos beneficiarios eran acreedores del asegurado.

El primer desarrollo importante del Seguro de Vida como negocio hubo de manifestarse a través de las operaciones tontinas. A mediados del siglo XVII, el italiano Lorenzo Tonti propuso al Cardenal Mazzarino la explotación por el Estado francés de fondos obtenidos mediante las aportaciones de grupos de personas de edad y circunstancias similares. Gracias a los capitales de los que iban falleciendo, los miembros supervivientes recibían rentas vitalicias notables, y el erario público obtenía pingües ganancias mientras disponía de dichos fondos. A pesar de que las teorías de la probabilidad ya se encontraban en pleno desarrollo, las primeras tontinas estuvieron fuertemente infravaloradas, y fracasaron en el cumplimiento de sus propósitos, como también ocurrió a fines del siglo XIX con el contrato de previsión chatelusiano (fundado por el francés Federico Chatelús). La ola de especulación debido al uso de tontinas, que llegó a provocar el asesinato de pensionistas para así aumentar los beneficios de los que sobrevivían, se extendió por varios países, haciendo apremiante su prohibición y urgente la necesidad de ofrecer los beneficios que proporciona el auténtico Seguro de Vida.

En 1.698, la Compañía Mercers de Londres inició el pago de anualidades a los beneficiarios de los miembros asegurados. Ésta, como otras entidades que la siguieron, desapareció más tarde, debido probablemente a la aplicación de unas tarifas inadecuadas. En 1.762 comenzó a hacer seguros la Old Equitable (Equitable Life Assurance Society), actualmente la más antigua sociedad de Seguros de Vida del mundo. A finales del siglo XVIII dichos seguros habían progresado de tal modo, que el Parlamento inglés se vio obligado a promulgar una ley del Seguro de Vida exigiendo que existiera un interés asegurable (relación económica entre el beneficiario y el asegurado) como requisito imprescindible para que el contrato fuese válido. Para entonces la técnica del Seguro de Vida se había convertido en una doctrina científica.

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