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Las primeras legislaciones sobre seguros

Durante el siglo XV Portugal y España se suman a las Repúblicas italianas en el dominio del comercio internacional. Portugal, gracias a las innovaciones tecnológicas en el campo de la navegación, monopoliza las rutas orientales que llevan hasta Asia bordeando el continente africano, lo que le concede a su vez un destacado papel en el mundo del seguro. Pero es España, convertida en la potencia hegemónica mundial por sus exploraciones en el Nuevo Mundo, quien se sitúa a la cabeza del sector asegurador a lo largo de dicho siglo. La escena del predominio español se intensifica durante el siglo siguiente, el XVI, con su control sobre gran parte de la Europa más desarrollada económicamente: las Repúblicas alemanas, Portugal, el sur de Italia, Bélgica y Holanda (con plazas tan importantes como Amberes) se encuentran bajo el poder de España. Este auge se plasmó, respecto al universo de los Seguros, en ser España el primer país del mundo que reguló legislativamente el contato de seguros. Sobre el precedente italiano que suponen las normas contenidas en las propias pólizas, España levantó una auténtica regulación jurídica, una legislación que rigiese el incipiente negocio asegurador.

Existían por aquel entonces cuatro recopilaciones de leyes, compilaciones fundamentales del Derecho mercantil de la Edad Media, pero ninguna de ellas regulaba la disciplina del Seguro. Eran el Derecho Hanseático, los Rooles de Olerón, las Leyes de Wisbuy y, anterior a todas ellas, el Libro del Consulado del Mar, colección de leyes y costumbres marítimas procedentes de todas las grandes potencias históricas en este ámbito, y en cuya edición de 1.494 fueron ya incluidas las primeras Ordenanzas que trataban específicamente del sector asegurador. Estas Ordenanzas, así como el Libro del Consulado del Mar que las contenía, vieron la luz en Barcelona.

Un precedente inmediato son los Capítulos de las Cortes, convocadas en Tortosa el 19 de Diciembre de 1.412, por el Rey Fernando, en los que se regula y establece minuciosamente el seguro contra la huída de esclavos, y que por lo tanto suponen el primer documento definidor y regulador del Seguro.

Pero es en las citadas Ordenanzas de Barcelona, nombre que se le dio al primer Edicto de los Magistrados de Barcelona del 22 de Noviembre de 1.435, donde surge por vez primera un instrumento jurídico codificado del seguro. Es la más antigua normativa sobre seguro marítimo, que influyó en las sucesivas y logró sentar unas reglas objetivas para su práctica.

Con el tiempo se suceden una serie de legislaciones en materia de seguros. Después de varias modificaciones de las Ordenanzas de Barcelona, llegan las leyes del Cuaderno de Alcabalas en 1.491. Posteriormente, en el año 1.553, se publican las Ordenanzas del Consulado de Burgos, que constituyen una pieza esencial en este proceso.

En Bélgica y los Países Bajos también España promulgó Ordenanzas que trataban de cuestiones del seguro. Allí dicta Carlos I en 1.549 las Ordenanzas de Flandes, la primera ley en que se reglamenta con carácter obligatorio el contrato de seguro marítimo. Y es Felipe II quien dispone las Ordenanzas de Brujas en 1.568, y las de Amberes en 1.563 y 1.570. En esta última se regula por primera vez la intervención y supervisión del Estado sobre este negocio.

Las Repúblicas italianas de Venecia, Florencia y Génova contaron, como es lógico, con tempranas Ordenanzas. También son destacables las de Sevilla de 1.556, y las de San Sebastián de 1.682. Las reglamentaciones españolas de seguros sirvieron de base a muchas extranjeras. Alcanzaron notoria celebridad dos compilaciones francesas, el Guidon de la mer, publicado en el año 1.556, y la Ordonnance de la Marine, aparecida en el año 1.681.

Podemos citar asimismo las Ordenanzas de Rotterdam, las de Middlebur, la de Hamburgo, las de Dinamarca, las de Suecia, las de Prusia, los Edictos y Pragmáticas del Reino de las Dos Sicilias, y las Costumbres para los Seguros de Amsterdam.

Especial importancia tienen las Ordenanzas de Bilbao, del 2 de diciembre de 1.737, que por la sabiduría de sus leyes obtuvieron una especie de prioridad y casi de universalidad, y que vinieron a constituir la legislación mercantil que se observó en la mayor parte del Reino hasta la publicación el 30 de Mayo de 1.829 del Código de Comercio. Dichas Ordenanzas traspasaron fronteras para ser respetadas en las colonias y Repúblicas Hispanoamericanas, siendo después la base de otras muchas legislaciones mercantiles.

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